No hay pruebas ni de que el incendio en la zona de Chornobyl se esté convirtiendo en un “ataque nuclear” contra Europa, ni de que Ucrania esté “aprovechando” de alguna manera esta situación de emergencia. Las autoridades ucranianas han informado de que los niveles de radiación en el territorio de Ucrania y en la zona del incendio se mantienen dentro de los límites normales, y fuentes europeas independientes tampoco han detectado contaminación radiactiva peligrosa para la población fuera de la zona de exclusión.
Los usuarios de las redes sociales, así como varios medios propagandísticos, difunden la narrativa de que el humo del incendio de Chornbyl se “convierte en una nube radiactiva” y que Ucrania lo utiliza deliberadamente para atacar a los países de la UE.

En realidad, los propagandistas han mezclado deliberadamente dos temas distintos —el incendio forestal en la zona de exclusión y la seguridad radiológica— para dar la impresión de que se trata de una amenaza a gran escala. La Inspección Estatal de Regulación Nuclear de Ucrania informó de que, a fecha de 9 de mayo de 2026, los índices de fondo radiactivo se encuentran “dentro de los valores de las observaciones a largo plazo en el territorio de la zona de exclusión y dentro de las fluctuaciones de fondo en el resto del territorio de Ucrania”.
Asimismo, desde la inspección han declarado que “según las estimaciones de los expertos del Centro Nacional de Investigación y Tecnología de Seguridad Nuclear y los resultados de los modelos, no se prevé que se superen los niveles máximos permitidos de 137Cs en el aire atmosférico para la población fuera de la zona de exclusión de Chornobyl”.
La autoridad también explicó que el desplazamiento de los radionucleidos ya presentes en el ecosistema durante los incendios supone una redistribución de la contaminación, y no la generación de nueva “radiactividad”. Además, el incendio ha afectado a zonas protegidas “relativamente limpias”, que cumplen una función de barrera y no contienen lugares de almacenamiento temporal de residuos radiactivos generados como resultado de la liquidación de las consecuencias del accidente de Chernóbil.
La afirmación de que, durante el incendio, “la concentración de sustancias radiactivas aumenta cientos de veces” y de que los niveles serían «similares a los de 1986» no se corresponde con la realidad. En 1986 se produjo un accidente en el reactor, mientras que los incendios actuales están relacionados con la vegetación seca, el viento y las dificultades para extinguirlos debido al peligro de minas y a las particularidades de la propia zona de exclusión.
Tampoco se ha confirmado la noticia de que una nube radiactiva procedente de Chornobyl suponga una amenaza para toda Europa. Datos independientes europeos e internacionales solo mostraban cambios locales y de corta duración en el fondo radiactivo cerca del foco del incendio, y las autoridades de Moldavia informaron por separado de que sus mediciones no habían detectado excesos ni contaminación del aire por productos de combustión. Cabe señalar que incluso la Agencia Federal de Supervisión del Consumo de Rusia (Rospotrebnadzor) también declaró que no se habían registrado niveles superiores a la radiación gamma de fondo en varias regiones tras el incendio.
Anteriormente, StopFake había desmentido noticias falsas similares sobre Chornóbyl y las “nubes radiactivas”, que se presentan como prueba de una amenaza nuclear inexistente.



