Lecciones desde Rusia: por qué la verificación de hechos puede distraer a los periodistas

Sea cual sea el país en el que se encuentren, los periodistas independientes se enfrentan constantemente al desafío de lidiar con funcionarios escurridizos que encubren políticas y minimizan las acciones polémicas del gobierno, escribe John Kluver para IJNet.

John Kluver

En mis 25 años trabajando como periodista en países como Rusia y Kazajistán, he observado que, en muchos casos, el problema no es que los funcionarios gubernamentales estén dispuestos a declarar falsedades tremendas. No es necesario, porque ciertos medios de comunicación ya lo hacen por ellos.

Como vi en Rusia y antes en la URSS, existe una práctica bien conocida de las élites que consiste en «enviar una señal» a los periodistas sobre cómo deben informar. Nunca es una orden explícita, pero los medios estatales acatarán obedientemente.

Algunos de los reportajes falsos más escandalosos sobre la crisis de 2014 en Crimea, por ejemplo, no provino de funcionarios gubernamentales, sino de las estaciones de televisión estatales rusas NTV y Life News. Como se documentó ampliamente, durante la crisis de Ucrania en 2014, los medios de comunicación respaldados por el Kremlin produjeron una ola de desinformación e historias falsas. Se trató de una política de distracción; de un intento de confundir a la gente sobre lo que realmente estaba sucediendo.

Lidiar con semejante avalancha de noticias falsas significa que los periodistas independientes tienen que enfrentarse a la desalentadora y tediosa tarea de desacreditar y verificar información falsa constantemente. La verificación de hechos o fact-checking es ciertamente de interés público, pero cuando un medio independiente tiene que dedicar la mayor parte de sus recursos a explicar por qué ciertos informes o declaraciones no son verdaderos, pierde tiempo y energía que podrían utilizarse para producir sus propios reportajes.

Aquí va un ejemplo: una corresponsal de la BBC grabó a periodistas de un canal ruso de TV admitiendo que habían sido obligados a emitir que una niña de 10 años había muerto en un bombardeo.

¡Qué gran historia! ¡Qué gran investigación hizo la BBC! Recuerdo haber estado al borde de las lágrimas la primera vez que vi ese informe; me quedé muy impresionado. Pero esa periodista y su equipo tuvieron que usar su tiempo y recursos para rectificar algo que nunca debería haber sido publicado en primer lugar. La periodista tuvo que arriesgar su vida y la de sus colegas para desenmascarar noticias falsas. Se podría decir que es la cola la que menea al perro.

Aquí hay otro caso: Pervyi Kanal, uno de los canales de noticias más importantes y más vistos de Rusia, emitió una historia sobre un niño que había sido crucificado por un soldado ucraniano. Cuando el periódico independiente Novaya Gazeta envió a un periodista a chequear la historia, no encontró ninguna prueba que la respaldara.

Una vez más, el periodista de Novaya Gazeta tuvo que gastar tiempo y recursos, y arriesgar su vida y la de los miembros de su equipo en una zona de guerra muy peligrosa para refutar una noticia falsa. Novaya Gazeta es un periódico de pequeña circulación con un pequeño presupuesto en comparación con las bien financiadas estaciones estatales de televisión. A pesar de que la ridícula historia de la crucifixión fue finalmente desmentida, dominó el ciclo de noticias durante días y distrajo de hechos y problemas reales.

Se podría decir que el verdadero desafío es tratar de refutar historias y afirmaciones descaradamente falsas tan pronto como sea posible, para evitar que dominen las noticias. Pero el problema es que si los medios independientes tienen que luchar para mantenerse al día haciendo fact-checkings a toda velocidad, también perderán tiempo y energía.

Cuando trabajé en las oficinas de la CNN en Moscú, vi cómo la cadena observaba de cerca a la televisión estatal. Le pagaban a un productor cuyo trabajo principal es grabar noticieros y flashes informativos de la televisión estatal. Los informes sospechosos eran detectados de inmediato, pero refutar una mentira –especialmente si implica tener que enviar a un reportero a investigar– es costoso e imposible de hacer regularmente.

Lamentablemente, esta niebla de desinformación se vuelve desmoralizante con el tiempo. Genera cinismo e incluso desesperanza. Los medios independientes pueden encontrarse en situaciones donde las mentiras son tan numerosas que es imposible corregirlo todo. Y de todos modos, las mentiras desenmascaradas nunca aparecen en las estaciones de televisión problemáticas.

¿Cuál es la alternativa, entonces? Ignorar las mentiras y las falsas noticias es rendirse. El desafío es encontrar ese equilibrio entre la verificación sistemática de hechos y la búsqueda de historias importantes sobre corrupción, seguridad nacional y otros temas de interés público. Si un medio tiene la opción de ampliar su personal y presupuesto para que pueda hacer frente a estos desafíos, debería hacerlo.

En general, si la verificación de hechos comienza a desviar recursos significativos del reporteo original, hay un problema. Para mantenerse enfocados, los medios deben comprometerse a priorizar ciertos tipos de cobertura sobre otros, y permanecer cautelosos de no quedar atrapados en el ciclo de las «noticias falsas».

Fuente: IJNet